Comportamiento agresivo en los Perros: causas y solucion

Las causas de la agresividad en los perros son varias, entre ellas se debe analizar el comportamiento agresivo par realizar un tratamiento y determinar que hacer para educar esta conducta agresiva. Una de las soluciones mas comunes es la del encantador de perros, ya que la relación entre las emociones y la cognición es muy controvertida. Todavía no existe un acuerdo sobre cuál es exactamente la relación entre ambas. Normalmente se asume que las emociones reciben el influjo de procesos de pensamiento y que los procesos de pensamiento se ven influidos por las emociones. Antes se pensaba que la emotividad iba en detrimento del pensamiento racional pero ahora se cree que sin evaluación y contenido emocional el comportamiento es inadecuado. Los estudios en pacientes humanos que padecen lesiones que eliminan los procesos emocionales demuestran que el comportamiento no es completamente racional como se podría esperar sino que es completamente inapropiado y fuera de contexto. Las emociones están siempre presentes y tienen mucha influencia en el comportamiento animal.

Las emociones permiten que se dé una evaluación de los estímulos, lo cual permite a su vez un comportamiento de adaptación y de supervivencia. También podemos provocar efectos en los estados emocionales a través de procesos o incluso cambios físicos. Si respiramos hondo y sonreímos podemos reducir las consecuencias psicológicas de la ansiedad o del enfado. Si pensamos de manera contraria a nuestro estado emocional podemos cambiar de humor. De hecho hay una interacción muy compleja entre las emociones y la cognición.
Un modelo de emoción sugiere que los estímulos que percibe el animal pasan directamente a dos sistemas: uno que identifica y discrimina y otro que evalúa de manera afectiva su importancia. Esto significa que el animal identifica de forma simultánea los estímulos en términos de sus características y también evalúa su importancia. El proceso de evaluación parece estar dividido en dos procesos claros: positivo y negativo.

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La primera fase de la evaluación emocional es la «respuesta de orientación inicial». Esto significa que el sistema nervioso está en un estado álgido de activación por la presencia de un estímulo potencialmente importante. Esta respuesta de orientación inicial lo que hace es decirle a todo el organismo: «¡Ahora presta atención!» (Siegel, 1999).
En microsegundos el cerebro procesa una representación del organismo dentro de un entorno específico, lo que se denomina «Valoración elaborada y alerta». Los procesos de valoración elaborada y alerta implican una evaluación muy básica de los estímulos como positivos o negativos, buenos o malos. Se pasa del «¡Ahora presta atención!» de la respuesta de orientación inicial a «¡Actúa!» de la fase de valoración elaborada y estado de alerta (Siegel, 1999).

Estas emociones tan fundamentales se llaman emociones primarias. Ocurren sin uso del lenguaje y pueden ocurrir sin consciencia (Siegel, 1999). Todos los animales son capaces de experimentar este sistema emocional pero siguen siendo muy complejos y pueden experimentar emociones desde sutiles a muy intensas.

El hecho de que un estímulo se perciba y valore como positivo o negativo es relativo, es decir, depende de un sistema de evaluación muy complejo. Un estímulo de agua fría puede ser valorado como algo bueno o malo dependiendo de cómo sea el entorno, por ejemplo, o de lo sediento que esté el animal. El hecho de que la comida se valore como buena o mala dependerá del hambre que tenga el perro y de la experiencia pasada con el alimento. La evaluación también dependerá de la sensibilidad innata del perro así como del aprendizaje emocional que haya experimentado en relación con ese estímulo. La valoración relativa de lo buena o mala que puede ser una cosa también puede ser un proceso muy complejo.

Si un estímulo se identifica como negativo, se activará un comportamiento de evitación/huida, mientras que si un estímulo se identifica como positivo, se activará un comportamiento de aproximación/investigación. Esta fase tiene como resultado la elaboración del mensaje del individuo. El mensaje ha pasado de «¡Ahora presta atención!» a «¡Actúa!», a «¡Esta cosa importante es mala! ¡Cuidado!» o «¡Esta cosa importante es buena! ¡Adelante!» (Siegel, 1999). Un estímulo único puede provocar incluso evaluaciones en conflicto. Por ejemplo, un perro puede que haya tenido un excelente proceso de socialización con personas en su etapa de cachorro pero seguir sintiendo miedo en su presencia, por alguna razón. En estos casos se darían respuestas en conflicto entre las respuestas de aproximación/evitación.
En un tercer estado de los procesos de diferenciación emocional se crean categorías más diferenciadas de estados emocionales. Estas son clasificaciones de sensaciones emocionales, una interpretación de las sensaciones preverbales. Las categorías emocionales básicas siguen siendo relativamente simples si las comparamos con la siguiente fase pero en cualquier caso son dinámicas y ricas. Incluyen categorías básicas de respuestas emocionales que no requieren mucho procesamiento cognitivo (Siegel, 1999). Pueden incluir experiencias como alegría, ira o miedo.

Otra fase de diferenciación y categorización mayor de estas emociones básicas son las emociones categóricas. Observamos nuestras emociones básicas, pensamos en ellas y la situación que las rodea y podemos inferir ciertas cosas y conformar un modelo mental complejo sobre el valor que la situación tiene para nosotros. Construimos emociones categóricas. Como ejemplo de estas emociones categóricas tenemos los celos o el despecho. Dado que no hay otros animales excepto los humanos, que se sepa, que tengan la capacidad de adquirir lenguaje, asumimos que los animales no humanos son incapaces de producir estas formas de emoción basadas en gran medida en el procesamiento lingüístico. Es bastante dudoso, por ejemplo, que los perros puedan sentir despecho.
Hay otro grupo importante de principios emocionales que deberíamos comprender y que son la primacía positiva y la inclinación negativa. La primacía positiva sugiere que con bajos niveles de activación de la evaluación, un estímulo motivacional positivo débil es prioritario sobre una inclinación negativa (Cacioppo).

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Esto quiere decir que con niveles normales o bajos de estimulación, el perro tiende a un optimismo moderado. Sin este impulso emocional, los animales no se acercarían a fuentes potenciales de comida nuevas, refugio, contacto social u otras necesidades. La inclinación negativa implica que ante un estímulo negativo moderado o intenso se responde de forma más intensa que ante un estímulo positivo moderado o intenso (Cacioppo). El valor evolutivo y adaptativo de esta tendencia está claro cuando consideramos que un estímulo peligroso o negativo que ignoramos puede evitar nuestra muerte, mientras que si ignoramos un impulso positivo tan solo supone que habremos perdido una oportunidad de obtener placer, si bien en el día a día los animales, para poder operar de manera óptima, necesitan tener una dosis moderada de optimismo. La depresión no sería funcional.

Pues bien, ¿qué estados emocionales están presentes en la agresividad afectiva? Los dos candidatos con más posibilidades son la irritación y el miedo ya que muchos teóricos consideran que son los estados emocionales básicos relacionados con la evitación de un peligro.

«La irritación suele ser consecuencia de la frustración al intentar conseguir un objetivo o bien de acciones hostiles o perturbadoras, tales como insultos, lesiones o amenazas, que no provienen de una fuente temida… Al igual que el miedo, la irritación es una emoción básica que nos proporciona un mecanismo primitivo para la supervivencia física. Los cambios fisiológicos que acompañan a la irritación y al miedo pueden ser muy similares e incluyen el aumento de las pulsaciones y la tensión sanguínea, respiración agitada y tensión muscular. No obstante la irritación produce mayor tensión muscular, tensión sanguínea más alta y una menor frecuencia cardíaca mientras que el miedo induce una respiración rápida. Al contrario de la respuesta de “lucha o huida” asociada con la adrenalina que caracteriza al miedo, la irritación se atribuye a la secreción tanto de la adrenalina como de otra hormona, la noradrenalina» (Gale Encyclopedia of Psychology).

Tanto la irritación como el miedo se originan en la evaluación de un estímulo y su valoración como algo negativo a un nivel emocional. A continuación presentamos una cita de la Gale Encyclopedia of Psychology que describe el enfado en los humanos pero que podría describir perfectamente algunos comportamientos similares de los perros.

«En la clase, un estudiante agresivo pasivo muestra un comportamiento en perros que es reticente a la cooperación o que falta al respeto pero que no da pie a una acción disciplinaria. Los actos agresivos pasivos pueden incluso presentarse a modo de servicio o favor cuando de hecho los sentimientos expresados tienen que ver más con hostilidad que con altruismo. Algunas de las defensas más extremas contra el enfado incluyen la paranoia…» (Gale Encyclopedia of Psychology).

La irritación y el miedo son respuestas umbral. Los estímulos deben llegar a una cierta intensidad antes de que se dé una respuesta emocional de irritación o miedo. Como se ha mencionado, existen muchas dimensiones de relatividad en la evaluación emocional de los estímulos. Otro factor que complica las cosas es intentar determinar, por el comportamiento observable, si es la irritación o el miedo lo que impulsa el estado emocional del comportamiento agresivo. En los casos más simples, el perro motivado por el miedo muestra comportamientos de tipo evitación/huida y pasará a estrategias de defensa más activas tan solo si le resulta imposible escapar.

Nuestra mascota motivado por la irritación responderá de forma agresiva activa en respuesta a un evento aparentemente frustrante. En casos más complejos los perros nerviosos que tienen miedo pueden aprender a actuar de manera más ofensiva y menos defensiva, y por lo tanto ocultando el estado que supuestamente los motivó. Esto es lo que se denomina agresividad motivada por evitación y la presentaremos más delante de forma detallada. Por eso no es tan fácil poner una simple etiqueta de irritación o miedo a la agresividad. También podemos sugerir que existe una frontera muy sutil entre la irritación y el miedo dado que ambos derivan del mismo instinto básico de controlar y sobrevivir y de una misma evaluación de algo negativo.

La irritación puede describirse como resultado del miedo de no ser capaz de adaptarse y controlar el entorno (frustración). En muchos casos puede ser difícil marcar la línea divisoria entre la irritación y el miedo. Una vez más, la agresividad es algo complejo, como ya vimos al momento de hablar de por que los perros ataca a las personas y niños.

Signos de agresividad en los perros

Morder.
Gruñir.
Lanzar una dentellada.
Abalanzarse.
Enseñar los dientes.
Ladrar de forma amenazante.
Mirar fijamente.
Andar rígido.
Erizar el pelo del lomo.
Cola alta en movimiento lateral.
Pupilas dilatadas.

La boca siempre está cerrada antes de un ataque activo. Morder es la expresión más clara de agresividad. Cuando un perro muerde es por: accidente, porque no sabe jugar o por un comportamiento depredador. Un perro que lanza una dentellada está advirtiendo o amenazando. Gruñir es un patrón complejo que incluye diversos niveles de amenaza desde una mera expresión de malestar o frustración vocalizada a una expresión de advertencia clara de que si continuamos provocando pasará al siguiente nivel. Al considerar el gruñido como expresión de agresividad debemos considerar también las diferencias de razas y sus peculiaridades. Sin embargo, este es un debate demasiado amplio para esta enciclopedia online.

Comportamiento en los perros:

Para el propósito de TodosLosAnimales.com, llega con saber que el tipo de gruñido que se describe es una vocalización periférica, se expresa como parte de un repertorio defensivo que también incluye otras expresiones físicas tal y como se ha indicado anteriormente. Esto también es cierto para el hecho de lanzar una dentellada, ya que muchas razas de pastoreo lo hacen jugando.

Es importante distinguir estos comportamientos de aquellos que se dan en un repertorio defensivo. En una forma de gruñido el perro realiza un tono alto parecido a un aullido. Este es el tipo de gruñido de lloro o queja que indica niveles iniciales de malestar o tal vez frustración. Cuando el perro gruñe de forma más profunda y mira fijamente al estímulo que lo provoca, entonces estamos ante una amenaza más grave y parece que lo motiva más la irritación que el miedo.

Si el gruñido va acompañado de tensión muscular, dilatación de las pupilas, erizamiento del pelo del lomo, la cola hacia arriba y seguramente con movimientos de un lado a otro, enseñando los dientes, etc., entonces el riesgo y la intención de amenaza es mayor. El perro que tiene miedo simplemente quiere librarse del estímulo negativo mientras que el perro irritado es más peligroso porque quiere descargar en alguien o algo. Cada perro tiene distintos umbrales para pasar de nivel.

Hay muchos perros a los que podemos estimular fácilmente para que gruñan pero nunca lanzan dentelladas o muerden, independientemente de la intensidad del estímulo que los provoca. Algunos perros tienen umbrales tan próximos que el paso de gruñir a morder es prácticamente imperceptible. Los perros también aprenden a saltarse niveles inferiores. Esto es lo que se llama agresividad con el fin de evitar un evento y lo veremos a continuación.
Al intentar leer las intenciones de un perro debemos buscar una combinación de comportamientos más que un indicador único. Por ejemplo, podemos calibrar bastante bien las intenciones de un perro por el comportamiento del rabo pero obtendremos mejores resultados predictivos buscando una sinergia de comportamientos. Si el perro trata de hacerse más pequeño encogiéndose con el rabo entre las patas y con las orejas gachas mientras enseña los dientes o retrocede, sabremos que este perro tiene miedo y puede ser peligroso si se le acorrala.

Estos perros puede que ocasionalmente ataquen cuando retrocede el estímulo que provocó el miedo. Si por otra parte el perro se muestra estirado (agrandando su cuerpo), de pie e inclinado hacia delante, con las orejas y la cola hacia arriba, y nos mira y gruñe o ladra sabemos que es un perro más activo en términos defensivos y que es más probable que nos muerda sin necesidad de que se le acorrale. Como hemos mencionado, el perro está irritado (supuestamente) y quiere expresarlo.

Estos perros es más probable que se desvíen de su camino y avancen, para conseguir sus objetivos, que los perros motivados por el miedo. Recordemos que la irritación no quiere decir que el perro no tenga razón para sentir miedo del estímulo. Tal vez en muchos casos el miedo se transforma en irritación. Cuando evaluemos las intenciones agresivas de un perro centrémonos en las orejas, cola, ojos, pelaje del lomo, postura corporal, movimiento de avance o huida. Escuchemos el tono de ladrido o gruñido. Por lo general, cuanto más bajo es el tono más grave y defensiva es la actitud del perro. Observemos y escuchemos toda la secuencia.

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