Por qué decimos llueven gatos y perros

Esa frase se volvió popular varios siglos atrás, en la época en que las calles de los pueblos y las ciudades eran angostas, inmundas y con drenajes pobres. Habitualmente las tormentas fuertes producían inundaciones torrenciales que arrastraban a una cantidad de gatos y perros medio muertos de hambre que andaban merodeando por allí. Después de que terminaba el aguacero, la gente salía de sus casas para encontrar los cadáveres de esos infortunados animales y los más crédulos creían que esos cuerpos habían caído del cielo y es por eso que literalmente llovían gatos y perros.

Una descripción del impacto de una severa tormenta en la ciudad, escrita por Jonathan Swift en 1710, apoya ese enfoque: “Ahora por todas partes crecía el torrente de agua y se llevaba sus trofeos al pasar perritos ahogados, sardinetas podridas, verduras, gatos muertos.”

Algunos clasicistas prefieren una explicación más antigua, sugiriendo que la frase deriva de la palabra griega catadupa: catarata. Si llueve a torrentes, como una catarata, el dicho “llueve catadupa” pudo convertirse en: llueven gatos y perros.

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